La increíble y malsana historia de Artie
Artie era un llavero. No sabía bien qué tipo de llavero era, ya que nunca había pertenecido a nadie, aunque sentía que podría ser un conejo, pues la sola idea de ser tarántula le aterraba y lo hacía esconderse tras la pared. Era tierno y suave, pero a la vez ingenuo, lo que lo hacía ver un poco como trompo.
Britany era amiga de Artie, y éste deseaba con el corazón pertenecer a Britany, pero ella no lo aceptaba, ya que antes había tenido un llavero tarántula y ahora le tenía fobia a los llaveros, por lo que el imaginarse uno en su mochila la ponía a temblar.
Artie le dio muchas y concertadas razones por las que no sería una tarántula. Las tarántulas son feas en actitud (aunque sean bellísimas en aspecto), y aunque Artie era un llavero feo (estaba algo sucio, y uno de sus dos eslabones estaba doblado), tenía alma de conejo, o al menos eso era lo que su intuición le dictaba. Britany sonreía al escuchar esto, y lo acariciaba, haciendo muy feliz a Artie.
Estuvieron así algún tiempo, tiempo en el que el espíritu de conejo de Artie salió a florecer, y había quienes se empezaron a dar cuenta de ello, ignorando su roída apariencia. Entre los que lo notaban, estaba Nínive. Ella era tímida, y aunque lo quería como llavero, no se lo comunicaba. Lejos de ello, se iba a su casa temprano, y sólo lo veía cuando iba a la escuela. Artie se daba cuenta, y se entristecía. En esos casos, los llaveros enmudecen, pues si hablan pueden arruinarlo todo, porque los llaveros a veces son muy mensos y confunden las cosas.
Britany se estaba tardando en decidirse, y Artie comenzó a pensar que no lo quería. Como no obtenía respuesta aún, empezó a ver quién podía apiadarse de él, pues aún creía ser un buen llavero conejo, además de que si no conseguía a nadie, se refugiaría en su cajón y esperaría a oxidarse lenta y dolorosamente, hasta quebrarse. Como no veía a nadie, entonces comenzó a pensar seriamente en que tal vez no era conejo, sino un sucio y triste trompo. Una mancha café apareció en sus eslabones y le dio tos. Se moría.
En este trance, conoció a Sora. Ella era muy amiga de Artie, y pensó en aceptarlo como llavero, pero al final no quiso nada, pues ella sentía que se podía convertir en tarántula y no quería lastimar a Artie. Antes de eso, y cuando Sora aún pensaba en aceptarlo, estaban susurrándose hermosas canciones al oído, cuando Britany apareció. Artie no la vio, pues su posición no lo permitía, y Britany se alejó pensando que Artie era una horrible tarántula. Artie se sintió fatal, y no quiso nada con nadie, mientras su tos empeoraba.
Luego apareció aquella persona que es la clave de esta historia. Se llamaba Lonia y, a diferencia de las demás, quería mucho a Artie. Ella parecía seguir el camino de Nínive, pero fue más valiente, y un día le dijo que le preocupaba su actitud suicida, y que quería ayudarle. Artie, con las esperanzas carcomidas, decidió aún escucharla, mas llevaba su pañuelo ensangrentado, por si las dudas.
No fue poca la sorpresa de Artie cuando escucho a Lonia decirle que deseaba que fuese su llavero. ¡¡¡Fue tan feliz ese momento!!! Sintió que su brillo regresaba y su tos desaparecía como por milagro. Su interior conejo salio a flote, y Lonia comprendió que la felicidad había llegado a Artie, y a ella también. Ella sabía que Artie sería siempre un llavero hermoso, y que nunca se separaría de ella, cual terrible tarántula.

