07 de Junio de 2009, o… Damn House forever!!!

La increíble y malsana historia de Artie

Artie era un llavero. No sabía bien qué tipo de llavero era, ya que nunca había pertenecido a nadie, aunque sentía que podría ser un conejo, pues la sola idea de ser tarántula le aterraba y lo hacía esconderse tras la pared. Era tierno y suave, pero a la vez ingenuo, lo que lo hacía ver un poco como trompo.

Britany era amiga de Artie, y éste deseaba con el corazón pertenecer a Britany, pero ella no lo aceptaba, ya que antes había tenido un llavero tarántula y ahora le tenía fobia a los llaveros, por lo que el imaginarse uno en su mochila la ponía a temblar.

Artie le dio muchas y concertadas razones por las que no sería una tarántula. Las tarántulas son feas en actitud (aunque sean bellísimas en aspecto), y aunque Artie era un llavero feo (estaba algo sucio, y uno de sus dos eslabones estaba doblado), tenía alma de conejo, o al menos eso era lo que su intuición le dictaba. Britany sonreía al escuchar esto, y lo acariciaba, haciendo muy feliz a Artie.

Estuvieron así algún tiempo, tiempo en el que el espíritu de conejo de Artie salió a florecer, y había quienes se empezaron a dar cuenta de ello, ignorando su roída apariencia. Entre los que lo notaban, estaba Nínive. Ella era tímida, y aunque lo quería como llavero, no se lo comunicaba. Lejos de ello, se iba a su casa temprano, y sólo lo veía cuando iba a la escuela. Artie se daba cuenta, y se entristecía. En esos casos, los llaveros enmudecen, pues si hablan pueden arruinarlo todo, porque los llaveros a veces son muy mensos y confunden las cosas.

Britany se estaba tardando en decidirse, y Artie comenzó a pensar que no lo quería. Como no obtenía respuesta aún, empezó a ver quién podía apiadarse de él, pues aún creía ser un buen llavero conejo, además de que si no conseguía a nadie, se refugiaría en su cajón y esperaría a oxidarse lenta y dolorosamente, hasta quebrarse. Como no veía a nadie, entonces comenzó a pensar seriamente en que tal vez no era conejo, sino un sucio y triste trompo. Una mancha café apareció en sus eslabones y le dio tos. Se moría.

En este trance, conoció a Sora. Ella era muy amiga de Artie, y pensó en aceptarlo como llavero, pero al final no quiso nada, pues ella sentía que se podía convertir en tarántula y no quería lastimar a Artie. Antes de eso, y cuando Sora aún pensaba en aceptarlo, estaban susurrándose hermosas canciones al oído, cuando Britany apareció. Artie no la vio, pues su posición no lo permitía, y Britany se alejó pensando que Artie era una horrible tarántula. Artie se sintió fatal, y no quiso nada con nadie, mientras su tos empeoraba.

Luego apareció aquella persona que es la clave de esta historia. Se llamaba Lonia y, a diferencia de las demás, quería mucho a Artie. Ella parecía seguir el camino de Nínive, pero fue más valiente, y un día le dijo que le preocupaba su actitud suicida, y que quería ayudarle. Artie, con las esperanzas carcomidas, decidió aún escucharla, mas llevaba su pañuelo ensangrentado, por si las dudas.

No fue poca la sorpresa de Artie cuando escucho a Lonia decirle que deseaba que fuese su llavero. ¡¡¡Fue tan feliz ese momento!!! Sintió que su brillo regresaba y su tos desaparecía como por milagro. Su interior conejo salio a flote, y Lonia comprendió que la felicidad había llegado a Artie, y a ella también. Ella sabía que Artie sería siempre un llavero hermoso, y que nunca se separaría de ella, cual terrible tarántula.

07 de Noviembre de 2008, o… No encuentro la manera…

Párrafo 56

Entre los gigantes provenientes del infierno, me encuentro solo en la ardua tarea de encerrarlos a todos en sus jaulas.

Monstruos azules.

El diablo descifró el código.

Ángeles amarillos.

Prisiones invisibles.

Tentaciones moradas ante las cadenas que llevo desde hace tiempo. El metro es rápido.

Los Escondrijos cantan buena música, igual que la mano izquierda.

Y si tal vez las cosas no fueran tan así, no batallaría tanto.

Corre, corre, corre, no te detengas, por favor, sigue tu curso onírico para alcanzar tu Nirvana personal. Se escapa. Huye. Alcánzalo. Es rápido, pero no tanto. Puedes atraparlo sin problemas aunque te cueste caro. Sin embargo tus ganas se agotan, así como tu paciencia, pues cada que lo tocas, huye más rápido…

Verde.

Silbo mientras veo el azul de la bóveda de encima… qué cosa, nunca se nos ha caído, pero… ah cómo pesa a veces.

Citando: Toda la gente sola ¿De dónde vienen? Toda la gente sola ¿A dónde pertencen?

Ya me harte.

Adios.

 

 

 

 

 

 

 

Arthur van Fröh

19 de Octubre de 2008, o… Bueno, sí es 19 de Octubre…

 

Psst

Psst

 

 

I (IV)  

 

   El otro día me encontré con el diablo, mientras buscaba a un monstruo. Como de costumbre tenía cabello largo y unos hipnotizantes ojos. Yo, como buen agnóstico, lo saludé con la mayor indiferencia que las cadenas pudieran permitirme. Antes solía caerme bien, lo suficiente para adherirme al satanismo.

   Pero el diablo, así como los humanos, era malo. Era malo porque me prometió el cielo, pero lejos de eso, me hundió en el peor de los infiernos, como todo buen diablo adicto al emina.

   Sin embargo, el diablo parecía gustoso de verme, aún cuando mi indiferencia era comparable a un plato de huevos estrellados sin yema.

   Me dio igual pararme frente a él. Toda la admiración que sentía se fue por el tubo de un lavabo de librería, aunque también se pudo haber ido en metro, hasta la estación Tapia, y enojarse porque el camión pasa por San Nicolás.

    “¿Dónde está el monstruo?” Pregunté por si acaso podía serme útil.

    “Se fue temprano. Una horda de morsas en bikini lo esperaba para ir a catar vinos”

   Sin despedirme me fui, contento de que el diablo era sólo un ser más. Me caga eso.

 

II

 

   Caminé por el camino perfumado, junto a Su casa, mientras me deseaba la paz. Salía de lidiar contra un ejército de asnos, luchando únicamente con aquellos en quien confío, pues toda la sabiduría estaba en ellos. Todo está bien. Bajé al infierno, hacia el tren que se mueve rápido y lento a la vez, y que sólo se detiene para devorar y vomitar presas a la vez.

   Encontré compañía en quien compartía mi camino, aunque el cerro se veía azul porque la noche se venía sobre la ciudad, y la luz no alcanzó para eso que tanto debía  y no pagaba. Todo está mal.

   Estoy entre la espada y la pared, mi nozaroc se parte en dos aunque no quiera, porque quien me quita el sueño se aleja, y el extraño se acerca, poniendome en duda sobre mi propia dadilaer.

   Todo está quién sabe cómo.

   Llegúe, y el pariente llegó también, para platicar sobre las cadenas y las risas que hallaba en mi lucha diaria contra la bajeza.

   Dudaba.

   Bostezaba.

   Escuchaba a los cuatro reyes de la EMI en estéreo falso, típico del oilotipac, con mucho reverb y alucinantes divisiones acústicas.

   Comí mugrero.

   Bebí la gloria.

   Escribí mis crónicas.

   Moría por la sabiduría distorsionada en Rusia.

   Ainos.

   Ainos.

   Oma et.

   No me gusta el cerro de las mitras, está rompido cor.

 

 

 

 

 Arthur van Fröh